Llegamos al último día del Triduo santo, el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. Con este título el Misal une la celebración de la Vigilia pascual en la noche santa y la Misa del día. Nos detenemos en la riquísima celebración de la madre de todas las vigilias, como decía san Agustín. Nos recuerda la rúbrica (n. 1 Vigilia pascual) que, según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor (Éx 12,42). Los fieles, tal y como lo recomienda el evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a los criados que, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su Señor, para que cuando llegue los encuentre en vela y les invite a sentarse a su mesa. La Vigilia ha de ser una en cada parroquia o comunidad y consta de cuatro grandes partes: El lucernario, la liturgia de la Palabra, la bautismal y la eucarística. Aquí desemboca todo el itinerario cuaresmal en su doble aspecto: catecumenal y penitencial. ...