SÁBADO SANTO: EL DÍA DE HOY
SÁBADO SANTO
¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo (Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado. Anónimo).
El silencio es la oportunidad que Dios nos ofrece para entrar en su Misterio de bondad. El silencio es más importante que cualquier otra obra humana; manifiesta a Dios. El silencio es liturgia, porque es presencia del Dios que transforma el interior de aquellos que se abren con humildad a este que es su lenguaje.
Durante el Sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y esperando su resurrección en oración y ayuno.Estas son las tres claves del día: acompañar a Cristo en el sepulcro, meditando -como sabiamente nos enseña la piedad popular- junto a la soledad de María los misterios de la entrega de su Hijo Jesús en la esperanza profunda de su Corazón doloroso, sabedor de que su Hijo cumplirá la promesa de resucitar al tercer día (cf. Mt 17, 23).
Asimismo, es el momento en que Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina, descendió a la morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos que le habían precedido (CEC 637). El Oficio divino nos ofrece una preciosa lectura de un autor anónimo, en la que Cristo establece un diálogo con Adán y que reproducimos aquí como objeto de detenida meditación:
"Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva. El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de Sábado santo anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos». A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis
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La Iglesia se abstiene del sacrificio de la Misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.