LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO
En Cristo, se
cumple la profecía de Malaquías: Jesús es «el mensajero de la alianza» que
purifica el templo y restablece la alianza. El mensajero de la alianza que
vendrá cinco siglos más tarde será portador del Evangelio, pero tendrá también
la misión de purificar a su pueblo: separar el bien del mal en el juicio. Su
mensaje será percutiente para muchos y se alzará como «signo de contradicción».
Los tiempos mesiánicos han empezado.
Pero ese
mensajero divino se encarnó y se hizo uno de nosotros, como nos recuerda la
segunda lectura, para poder redimir plenamente la naturaleza que había asumido.
Jesús es rescatado («consagrado») al Señor, como todo primogénito, y prefigura
al Cordero que rescatará a toda la humanidad con su muerte sacrificial en la
cruz.
En el
evangelio queda representado el pueblo que sale al encuentro del Señor en Simeón
y Ana. Nosotros, como dirá el prefacio, «llenos de alegría, salimos al
encuentro de tu Salvador», en espera de su regreso glorioso.
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